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Proyección. El control es remoto

EL CONTROL ES REMOTO. PROYECCIÓN

El pasado viernes 20 de octubre de 2017 en Oficina Proyectista, en Buenos Aires, celebramos la primera edición de El control es remoto. Ciclo guerrilla de video-performance, proyectando los trabajos de Max Provenzano y Érika Ordosgoitti.

Evento en el marco de Los espacios cálidos, exposición de Sara Valero Zelwer. Aquí compartimos el programa y algunas fotos.

 

 

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El control es remoto

EL CONTROL ES REMOTO la guerrilla es local

Los vídeos que forman parte de este Ciclo —generados en Venezuela por artistas locales y proyectados en espacios no convencionales en Buenos Aires— invitan a una audiencia heterogénea, a una comunidad accidental y efímera, a experimentar una conexión simultánea con dos territorios y a reflexionar sobre temas relacionados con la migración, el diálogo a distancia y las tecnologías que permiten estas conexiones.

Primera edición:
Viernes 20 de octubre de 2017, 19 horas
Oficina Proyectista. Perú 84, 6º Piso, Oficina 82, CABA
Atención: el ingreso al edificio es hasta las 20 horas

Artistas invitados:
ÉRIKA ORDOSGOITTI y MAX PROVENZANO

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Gestion de lo real. Congreso

GESTIÓN DE LO REAL

Presentación de La ONG Buenos Aires en el Congreso de Arte, Cultura y Educación “Gestión de lo real” realizado en Casa Temenos, Buenos Aires, el 14 de julio de 2016.

La ONG Buenos Aires no es una ONG. Siempre usamos esta frase —una negativa— para presentarnos.

La invitación a participar en este congreso nos ha llevado a preguntarnos, en cambio, qué somos y qué aspiramos ser (o hacer).

La ONG Buenos Aires es un proyecto colaborativo que gestionamos tres personas —María Antonia Rodríguez, Beto Gutiérrez y Juan Peraza Guerrero— desde 2014. La columna vertebral de nuestro trabajo es la fotografía; hacer, aprender y enseñar fotografía. Según la naturaleza de cada proyecto, asumimos diferentes roles: artistas, curadores, educadores, investigadores o gestores.

Las actividades se alimentan de nuestras experiencias individuales. María Antonia estudió Arquitectura y Diseño Editorial; Beto, Artes y Letras; Juan, Comunicación y Estética. De alguna manera, todo esto encuentra expresión en el trabajo colectivo. Sin embargo, nuestro interés por la fotografía es el hilo grueso que nos entreteje y el detonante de la mayoría de nuestros proyectos.

Pero tenemos algo más en común: la migración. Los tres somos o hemos sido migrantes. Esta experiencia ha tenido un enorme impacto en nuestras identidades personales y en nuestras visiones de lo que nos rodea. Las estadísticas indican que hay unos 270 millones de migrantes en el mundo actualmente. Aunque se trata de una experiencia masiva, es radicalmente diferente y definitoria para cada una de estas personas.

Las ideas de patria y nacionalidad nos producen sentimientos encontrados. Las hemos abordado individualmente, pero con el propósito de mirarlas de cerca, de cuestionarlas y comprenderlas mejor. A veces, sentimos que no pertenecemos a ningún lugar. No sabemos si queremos pertenecer.

Esta sensación nos acompaña desde hace un tiempo. Fue la que nos llevó a las puertas de la ONG —Organización Nelson Garrido, conocida como el espacio de los que no tienen espacio— en Caracas. Se trata de un lugar autogestionado de actividades culturales creado por el fotógrafo venezolano donde la fotografía juega un papel principal. Desde el año 2002, la ONG alberga actividades de formación, producción y exhibición de propuestas artísticas que exploran libremente lenguajes y temas marginales, por lo que ha adquirido una significación peculiar en la escena artística de la ciudad.

Las vivencias en ese lugar, desde los conocimientos compartidos hasta los chistes internos, funcionan como el sustrato mitológico de nuestras conversaciones y proyectos ahora que estamos en Argentina.

No obstante, La ONG Buenos Aires no es precisamente una sucursal. Es una propuesta que, un poco más al Sur, defiende las mismas prácticas de libertad —estéticas y de pensamiento—, la docencia como experiencia compartida que se alimenta de las diferencias y el error, el proceso como fin en sí mismo y la investigación visual sobre la identidad y los márgenes.

Estos principios ya estuvieron presentes en la primera experiencia que realizó una proto-La-ONG-Buenos-Aires en 2011. Llamado como la célebre fotografía de Yves Klein, “Salto al vacío”, María Antonia y Beto coordinaron un taller que se fue armando sobre la marcha y que ofreció a sus participantes un espacio para la experimentación fotográfica y la búsqueda de un lenguaje visual propio. Desde esta primera actividad se anunciaba el perfil que La ONG Buenos Aires asumiría más adelante: la enseñanza de la fotografía como herramienta para la expresión individual.

 

Es en este punto donde comienza a manifestarse nuestra relación con el territorio, tema central de este encuentro. Si bien el nombre de nuestro proyecto ya identifica su campo de acción —esta ciudad— su conexión con el territorio justifica algunas aclaratorias. Representamos una institución autónoma con sede en Buenos Aires que comparte afectos, la mitad del nombre, una visión sobre la fotografía y el mundo, y que desarrolla proyectos puntuales con otro espacio con base en Caracas, Venezuela.

Nuestra autonomía halla su origen en la filosofía misma de la ONG. En aquel espacio conviven anarquistas, minorías sexuales, adictos, agrupaciones de teatro, performancistas, graffiteros y un larguísimo etcétera. Lo que permite la convivencia, y en definitiva define su espíritu, es la defensa apasionada por la libertad y el respeto a la individualidad tanto en lo relacionado con la práctica artística como con la identidad de cada uno de sus miembros. De allí que nuestro emprendimiento nunca haya pretendido o haya sido exhortado a copiar las formas u obedecer ningún tipo de autoridad. Recientemente, se han dado conversaciones para extender la ONG a otros países. En el caso de que la idea prospere, cada proyecto contará con independencia para dar cuerpo a sus dinámicas.

Podría decirse, en síntesis, que La ONG Buenos Aires posee una conexión particular con dos territorios, a la vez propios y ajenos, que nos permiten usar palabras como perico, chamo y cambur junto con chanta, chabón y ponele.

Nuestro vínculo con el territorio también está condicionado por el hecho de que no poseemos un espacio físico, un lugar fijo que albergue nuestras actividades. Reconocemos que esto puede constituir una desventaja significativa, pero decidimos asumir la circunstancia como expresión de nuestra propia condición errante. Así que la mayoría del tiempo sólo existimos virtualmente, a través de una página web —www.laongbuenosaires.com—, de cuentas en Instagram y Facebook y de nuestra aula online.

Nos instalamos en el territorio a través de alianzas con instituciones que sí poseen espacios propios y que nos alojan temporalmente: Sub Cooperativa de Fotógrafos, Turma de fotografía, La Pajarera, Gimnasio de Arte y Cultura (en México) y ahora: ustedes. En estos lugares hemos gestionado diferentes ediciones de nuestros talleres Ver es amar, Fotografía masturbable, Historia(s) marginal(es) de la fotografía y El desnudo experimental. Son la otra punta de los puentes de colaboración y aprendizaje compartido que hemos tendido.

Con “Proyecciones guerrilla”, la inserción en el territorio es bastante literal. La propuesta consiste en un ciclo de proyecciones de películas y fragmentos de películas que se define sobre la marcha y que se realiza en lugares no convencionales, sin permisos ni convocatoria previa. Este acontecimiento imprevisto congrega a una audiencia heterogénea, una comunidad accidental y efímera que dura lo mismo que el video, y que después se fragmenta para continuar con sus cotidianidades.

La web es un territorio que nos atrae. No le interesan las fronteras ni los pasaportes. Barthes mon amour, proyecto web que realizamos en ocasión del centenario del nacimiento Roland Barthes, le da la bienvenida a cualquiera sin importar de dónde venga. La modalidad de aula virtual, por su parte, coincide conceptualmente con nuestras búsquedas. Desde 2015, nos hemos capacitado para explorar las potencialidades y desafíos de la educación a distancia. En este momento, estamos gestionando el taller online Teorías y prácticas de la fotografía marginal, dirigido a explorar el lado B de la historia del medio. A finales de año —en alianza con Taller Multinacional, de México—, coordinaremos un diplomado a distancia de un año de duración sobre fotografía contemporánea que se llamará Desde el cuerpo, el cual es el resultado de nuestras investigaciones individuales y compartidas sobre este tema.

 

Siendo la fotografía nuestra principal área de interés e investigación, quisiéramos explorar la relación del medio y de algunas experiencias con dos palabras presentes en el título de este congreso: el territorio y lo real.

Creemos que nuestra disposición natural por el desplazamiento se halla también en el corazón de la fotografía. La aparición del medio y los procesos de industrialización de la cámara fotográfica coincidieron con exploraciones que pretendían registrar el mundo, por lo que la representación de territorios se convirtió en una práctica recurrente y un género en sí mismo. De igual modo, el rápido proceso de expansión de la tecnología fotográfica a las regiones periféricas del mundo, a América Latina, por ejemplo, se dio por medio de fotógrafos viajeros. Este comportamiento dejó una marca en la identidad y los usos del dispositivo. Hoy en día, nadie viaja sin una cámara, y el ritual de la captura de la imagen del lugar que se visita para luego compartirla con otros adquiere una importancia determinante en la experiencia contemporánea del viaje. Como resultado, pocos rincones del planeta permanecen fotográficamente vírgenes.

Asimismo, la imagen fotográfica acompaña al viajero en el trance entre dos territorios. Por un lado, constituye un vínculo con su lugar de origen y, por otro, simultáneamente, es una herramienta para la exploración de nuevos lugares. La fotografía no sólo registra, sino que también puede anteceder el viaje. Esta mañana, por ejemplo, Google Street View nos mostró la avenida Gaona al 1880.

La transformación profunda por mediación de las telecomunicaciones representa un punto de giro determinante. En esta época de la globalización, ¿cómo podemos pensar en el territorio y en las dinámicas que tradicionalmente ocurren en él?

El aula online de La ONG Buenos Aires funciona como ejemplo de otras formas de comunidad posibilitadas por las telecomunicaciones. La separación material de los usuarios —diseminados entre Argentina, Brasil, México, Francia y Venezuela— se traduce en experiencias, inquietudes y conocimientos distintos que se vinculan y confrontan en los foros de intercambio y que trascienden la distancia geográfica. Cada vez menos, el territorio parece estar limitado por lo físico.

Hace unos días, preparando un proyecto en pleno desarrollo realizamos llamadas a teléfonos públicos ubicados en distintos puntos de Caracas. Al escuchar la tonada, los ruidos del lugar y los nombres de calles y avenidas, los puntos de referencia, el territorio tampoco estuvo limitado por lo físico. Bryce Echenique decía que su barrio era el más grande del mundo porque todos sus amigos estaban esparcidos por distintos países, pero seguían siendo los de la cuadra. Ese día de las llamadas, sentimos algo parecido.

Todo lo anterior entra en juego con la noción de lo real. Benedict Anderson, desde el campo de la antropología, señaló que todas las comunidades —los países, por ejemplo— son imaginadas. Es imposible conocer a cada uno de nuestros compatriotas, y sin embargo, en la mente de cada uno de ellos vive la imagen de su comunión. En otras palabras, la comunidad sólo existe en la imaginación de quienes se perciben a sí mismos como miembros de ésta. Pero ¿es por ello menos real?

Históricamente, este forcejeo sobre lo que es real y lo que no lo es ha sido campo fecundo para la discusión sobre el medio. La fotografía sabe sobre realidades. Durante una parte significativa de sus casi 200 años de vida, estuvo condicionada a satisfacer un discurso que creía ver en ella no más que una técnica de registro de la realidad. A partir del descubrimiento y expansión de la tecnología digital, muchos han anunciado la muerte de la fotografía, sin embargo, no ha hecho más que expandirse y conquistar espacios hasta convertirse en el medio hegemónico de nuestra época, renovando sus usos y cuestionando cada vez más compleja y sofisticadamentemente los conceptos de territorio, realidad y ficción.

¿Es alguien más real antes o después de tomarse una selfie? ¿Es más real nuestro país cuando lo vemos en las fotos de nuestros amigos, en el noticiero o cuando pisamos sus calles? Preguntas como éstas nutren constantemente nuestra práctica artística, fotográfica y docente dentro de la ONG Buenos Aires, este no espacio donde, sin embargo, cabemos todos.

 
Las fotos en esta entrada fueron tomadas en Caracas y en Buenos Aires por Beto Gutiérrez.

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